miércoles, 5 de febrero de 2014

The Room.


Cuarto creciente.

Claro de luna de nácar, arropada.

Yo no. La luna.

 

Como una de esas ardillas que cruzan el tiempo, salto de incertidumbre en incertidumbre.

Soy, a un tiempo, funambulista y la más torpe del reino.

 
Me ensucio en cualquier charco y permanezco impoluta, vistiéndolo todo con sonrisas. Tal vez sea exasperante.

 
Me confundo de sueño noche tras noche sin decidirme por qué soñar; a la mañana me atraviesan las ideas más confusas disfrazadas de cordero.
Con manos de dulce madre mi cabeza las acuna, tras un vidrioso gesto de reflexión congénita, durante el día, cuando ellos duermen.

 

Todo conmigo, con vosotros a trozos y mi perenne sonrisa de inve(n)cibilidad en la cara.

A veces bien, a veces mal, pero sé que me crece un monstruo dentro.

 

Y sale.

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Cuarto menguante.

Sombras. Garras. Bruma en la cama, de agua de mar, densa.

Yo no. La espuma.

 

No se aclara la visión con el paso de los días. No revive el corazón, por tener los pies metidos en arroyos de lágrimas. Sola, como la luna a la que aúllo, respiro y huelo y rastreo; recolecto las espinas que se clavan en mi carne saltando desde el suelo.

Hago una cerbatana con la sábana y las estampo en la pared.

A veces forman un nombre que nunca más se borra.

 

Y no se borra.

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Pesadilla.

Calor en lata, luz de ultratumba, alientos de no entender nada.

Esta vez yo.

 

Araño en la pared y la cal se me pega. Tal vez arena. 

Despierto, o eso creo. Pero es carne lo que arrancan mis uñas, y sangra. Al menos alguna vez sangraba.

Roja. La escena, la habitación entera. Luz roja de nácar, de bruma, de imaginación a deshora, de palabras no pronunciadas, en estado de espera.

Un bolígrafo afilado, un monstruo que despierta, un ladrido de perro asustado.

 ...

Cuando me quiero dar cuenta he automatizado las puñaladas hasta dejar de contar. Ya toca el filo tras mi espalda la pared.

 

Pesadilla real.

 Tan yo que grito.

 

Ensartados a través de los sables nos susurramos cuentos de noche.

El feliz desenlace nos empuja un poco más desde detrás,

introduciendo más profunda la hoja entre tu carne y mis costillas.

No corretear alegre por los senderos de la vida ahora parece no importar,

si solo sabemos correr para huir asfixiados.

 
El monstruo, triunfante, hace muecas como un diablo.

 

Nos bastaremos con creces para vivir sin motivo;

será nuestro único método de supervivencia.
 
 
Nos bastaremos.

1 comentario:

  1. Textos preciosos. La naturaleza tiene una voluntad de supervivencia q logrará vencer hasta el final de los días✌️

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