19 primaveras
con inviernos. Cadenas y hierros, pájaros de hielo esculpidos en fuego,
planetas orbitantes descubiertos por las tímidas nubes.
19 veces diecinueve,
19 retratos del alma, y ninguno ha vuelto. 19 ciclos que mostraros, delante,
incompletos por las prisas y por la sangre, que no fluye, desborda turbia y
densa, áspera, templada, caliente, ardiente y eterna.
Por los oídos crepitante,
por las venas exuberante, siempre hacia delante. La indulgencia de la
naturaleza ante ese vago intento de río.
Y te diré que
no importa cuánto sudemos. Exhalar es de humanos, expirar es de tantos y tantos
muertos que ya ni me acuerdo;
soñar, es
gracioso, pero tampoco lo recuerdo.
Es curioso cómo
de infinita es la búsqueda de la calma verdaderamente ansiada. Empieza a entender que es la turbulencia la que succiona y te empujará, por los siglos de los siglos,
hacia la muerte o hacia la gloria, temporalmente viva, explosiva. Pero como única
parada en la estación,
el final más hipocondrial
que quepa imaginar.
De nada sirve
equiparse para el viaje. Nos perdemos lo mejor del camino por saltar los
espinos, del suelo, arraigados. Que no son otros que nuestros problemas (,) sordos.
- La noche es
larga. No importa cuánto os sangren.
Decidme dónde
estoy perdida, me rondan las ideas y los planetas, pero no me concentro; me orbitan las pestañas. De qué sirve
saber en qué cama reposo si no recuerdo el motivo por el que me despierto, por
qué esquivar a los viejos gatos callejeros, por qué ya no recuerdo, por qué la camisa
abierta y el nudo en el pecho, por qué yo, así, ahora.
No lo
entiendo. Es triste el consuelo. Hace tiempo que perdí el eslabón de mi
retrasada existencia.
Debería dejar
de importarme todo esto. Dejar sin resolver el enigma y vagar por el desierto. ¿Verdad que sí?
Si flotase podría ver qué voy a encontrarme en el camino, y así dejar esta
espera en el maldito contenedor del vertedero.
Al fin y al cabo, aquí no
hago más que morir a diario, enterrada en mis versos y en recuerdos, de los
cuales pocos atesoro como nuevos. La mayoría son tan pobres que tiempo ha se diluyeron.
Así como
pienso, vomito. Me importa un bledo el enredo. Tengo la cabeza llena de huesos.
- Tirad la primera piedra, cobardes.
Insomnia,
Lujuria, Gula, Íncubo y Súcubo de mi preciada cabeza. Mis amigas del alma.
Hay puzzles,
que ni haciendo el pino.
Hay días que
ni respirando.
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