viernes, 13 de diciembre de 2013

El acertijo: prólogo

19 primaveras con inviernos. Cadenas y hierros, pájaros de hielo esculpidos en fuego, planetas orbitantes descubiertos por las tímidas nubes.

19 veces diecinueve, 19 retratos del alma, y ninguno ha vuelto. 19 ciclos que mostraros, delante, incompletos por las prisas y por la sangre, que no fluye, desborda turbia y densa, áspera, templada, caliente, ardiente y eterna. 
Por los oídos crepitante, por las venas exuberante, siempre hacia delante. La indulgencia de la naturaleza ante ese vago intento de río.


Y te diré que no importa cuánto sudemos. Exhalar es de humanos, expirar es de tantos y tantos muertos que ya ni me acuerdo;
soñar, es gracioso, pero tampoco lo recuerdo.

Es curioso cómo de infinita es la búsqueda de la calma verdaderamente ansiada.  Empieza a entender que es la turbulencia la que succiona y te empujará, por los siglos de los siglos, hacia la muerte o hacia la gloria, temporalmente viva, explosiva.  Pero como única parada en la estación, 
el final más hipocondrial 
que quepa imaginar.

De nada sirve equiparse para el viaje. Nos perdemos lo mejor del camino por saltar los espinos, del suelo, arraigados. Que no son otros que nuestros problemas (,) sordos.

- La noche es larga. No importa cuánto os sangren.


Decidme dónde estoy perdida, me rondan las ideas y los planetas, pero no me concentro; me orbitan las pestañas. De qué sirve saber en qué cama reposo si no recuerdo el motivo por el que me despierto, por qué esquivar a los viejos gatos callejeros, por qué ya no recuerdo, por qué la camisa abierta y el nudo en el pecho, por qué yo, así, ahora.

No lo entiendo. Es triste el consuelo. Hace tiempo que perdí el eslabón de mi retrasada existencia. 

Debería dejar de importarme todo esto. Dejar sin resolver el enigma y vagar por el desierto. ¿Verdad que sí?

Si flotase podría ver qué voy a encontrarme en el camino, y así dejar esta espera en el maldito contenedor del vertedero.
Al fin y al cabo, aquí no hago más que morir a diario, enterrada en mis versos y en recuerdos, de los cuales pocos atesoro como nuevos. La mayoría son tan pobres que tiempo ha se diluyeron.


Así como pienso, vomito. Me importa un bledo el enredo. Tengo la cabeza llena de huesos. 

- Tirad la primera piedra, cobardes.

Insomnia, Lujuria, Gula, Íncubo y Súcubo de mi preciada cabeza. Mis amigas del alma.

Hay puzzles, que ni haciendo el pino.

Hay días que ni respirando.

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