lunes, 4 de noviembre de 2013

Si los árboles hablasen

La conozco desde hace demasiado, y hace tiempo que le sigo la pista. Es una lástima que ya no pueda alcanzarla.

Solíamos caminar ella y yo, fundidas por los brazos. Solíamos ir hacia delante, a veces hacia los lados (sólo cuando nos despistábamos) y hacia atrás. Sobre todo hacia atrás. Y con esto quiero decir que andábamos hacia delante, mirando 180º hacia atrás, sur, suroeste. Hacia el pasado. Ese que nunca pasa.

>> Tenía que haber evitado aquella piedra. Pobre, fue todo culpa mía <<

Fue un efecto mariposa lo que la alejó de mí. Cogió carrerilla, y corrió. Corrió de verdad, tanto que le perdí la pista. Reconozco que me asusté. 

>> ¿Dónde está? ¿Se ha hecho daño? Quizá ha sido alguien quien se lo ha hecho, maldita sea. ¿Dónde está?... Espera, creo que la estoy viendo. Sí, allí, a unos cuantos metros más adelante, en el camino. ¿Es ella? Creo que me está esperando <<


Y su mirada también me esperaba. Desde entonces, no he podido acercarme.
Aquel ser resurgido del miedo, aquella pequeña Frankenstein en construcción, futuro "patchwork" con retazos de vida... 
Tuve pánico, pavor. Me estaba esperando, y yo no pude acercarme, porque la defraudé. Antes de que pudiese darme cuenta, ya caminaba por delante de mí a considerable distancia. Se cansó de esperar, por eso se fue. Ahora ni siquiera me mira.

No. No me necesitaba. Fui su carga, su losa pre-mortem, su asfixia gravitatoria, y ahora me odia... No, no me necesita.
Se ha forjado de una sola pieza, su pensamiento es uno, es absorbente. Turbulento. La veía temblar desde donde estaba, y pude haberme ido, pero algo me hizo seguirla.
Se estremecía con cosas que no suelen estremecer. Pero tampoco se asustaba con nada. ¿Qué criterio seguía? ¿Por qué tan decidida?
Me temo que ya no quiere caminar conmigo, y sin embargo... ¿Me echa de menos? No, no es a mí a quien extraña, yo soy la menor de sus preocupaciones. Sufro, maldición, pero ha crecido. Es tan grande que no alcanzo a verla. Es un maldito gigante.

Y pensar en que hubo un tiempo en el que ella era yo, y yo era ella...

Encontré una carta en el suelo. Supe con seguridad que era de ella, así que la leí:


"Te estoy oyendo desde aquí, querida. 
Te diré por qué tan decidida.
Necesito vida. Camino, sí, y miro, pero muero un poco cada día. Estoy drogada, persigo la locura, la risa histérica, el pensamiento lateral, un camino, todos los caminos. La sangre no es suficiente para nutrir mi cerebro; aquel cruce de delante no me ofrece suficientes alternativas. Ni el pájaro que nos persigue cada mañana es suficientemente libre para mí, ni las verjas que dejamos atrás suficiente celda.
Como, pero no me sacio. Bebo, pero no se apaga mi sed. Arrastro el alma detrás de todo aquel que me ofrezca unos momentos de vida. A veces a coste muy alto. 
A veces lo consigo.

Hubo un tiempo en que tuve miedo, pero me masticó y me escupió de nuevo al camino. Ya no tengo miedo. No huyo, pero tampoco vuelvo. No busco, a veces encuentro. 
Apenas duermo.

*Si supieras algo sobre el vuelo,
podrías venir conmigo.
Es cierto, me siento tenue, pero siendo sinceros,
no me apetece tenerte como testigo.
Náusea, vértigo a ras de suelo;
me arrastro, y el polvo... Por favor, no me sigas, amigo.

Perdón.

Iré allí donde haya combustible. Necesito rugir las noches, coser los días, como me cosí la Luna a la espalda para prolongarme el frío, en un vano intento de Insomnia.

Tengo algo importante que hacer, y como ya no existe fusión alguna, tu compañía ya no es necesaria. Aunque te observaré desde lejos cada noche de mi vida. 

¿Por qué tan decidida?  Una vez una vocecita me dijo:
Todo esto está muy bien, pero no lleva a nada.
¿Es esperar la mejor opción?
Deja de buscar entre las piedras.
Te estás perdiendo demasiada esencia.
Puedes hacerlo todo.
Y qué que estés entumecida, úsalo.
Toma lo que necesites, sí.
Y deja el resto.
Aliméntate de ser humano.
Sé caníbal.

Y así fue cómo mi ansiedad se tornó canibalismo, y así fue como empecé a asustar. Así fue cómo desafilé mis dientes para poder morder mejor con el alma, y así fue cómo los vi sangrar."


Dioses, ¿canibalismo? ¿Se ha vuelto loca? Su mayor desarrollo mental no se produjo en su niñez, se está produciendo en su cerebro, ahora mismo. Aunque algo me dice que está asustada, después de todo. Que todo se reduciría a nada si prendiese fuego, una nada terriblemente necesitada y densa, a la eterna espera.

Está intentando enderezar un árbol que empezó a crecer dentro de ella, que mutó hace tiempo. Y no quiere talarlo, lo está guiando, hasta el día en que pueda trepar por su tronco hasta la rama más alta para mirar a los ojos mismos de la Humanidad y gritar, como nunca antes hizo, hasta morir.

Hace tiempo que no entiendo lo que se cuece ahí arriba, en su cabeza. Tampoco entiendo cómo ahora, hundida en el fango, es cuando brilla.

Me ha dejado otra nota:

"El entumecimiento sensibiliza, querida. El sueño despierta. Algunas profundidades iluminan. Bien lo sabes tú.

¿Da la muerte la vida?"


Oh, Dios, ¿en qué estará pensando? Será mejor que la siga un tiempo más.

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